Historia

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La plaza Mitre

No podemos pensar nuestras ciudades sin la plaza principal que las anima y en las que se vuelca la vida misma de la comunidad. La Plaza Mitre, nuestra plaza cívica, no escapa a esta caracterización básica y su imagen actual ha ido conformándose lentamente a partir de los primeros trazados. Ha evolucionado desde la plaza seca desprovista de todo equipamiento y ornamento hasta la plaza paseo que hoy tenemos. Según el plano original del agrimensor Manuel Eguía, aprobado el 31 de enero de 1827, la plaza no comprendía cuatro manzanas.

 


Estaba constituida por una superficie equivalente a la de una manzana ubicada en el centro de las cuatro manzanas delimitadas por las actuales Justa Lima de Atucha, Bolívar, San Martín y Belgrano. Seguramente fue intención del proyectista el lograr que las calles laterales fueran suficientemente amplias y acogedoras. Así se volcaron a la plaza doce calles, tres por lado, convergiendo al centro de la plaza las hoy 19 de Marzo y Rivadavia. En 1885, cuando Eguía realizó una nueva traza del pueblo volvió a situar la plaza en el centro de las cuatro manzanas, tal como la proyectara originalmente. Por esa época comenzaron a construirse varios edificios en el centro de la misma, entre ellos el primitivo templo parroquial, en el lugar donde hoy se levanta el Banco Nación, el local para la escuela, el recinto municipal y la cárcel. Según un plano de 1880 la plaza estaba formada por cuatro manzanas, rodeada por dos hileras de paraísos desaparecidos hacia 1883 y cruzada por dos diagonales, también con doble hilera de árboles, con canteros entre la arboleda. En 1883 se cercó sólo la manzana actual con alambrado y puertas o molinetes en las esquinas, con el objeto de impedir que los animales que frecuentaban las calles destrozaran lo poco existente. Hacia 1888 se remataron "terrenos municipales de la antigua plaza " para afrontar deudas públicas y, de esta manera, nuestra plaza pasó a tener una conformación espacial no muy diferente a la actual. Hacia fines de siglo las autoridades comunales resolvieron encarar definitivamente su ornamentación, encomendando el proyecto a Don Miguel Ferrari, hijo del maestro albañil Don Dionisio Ferrari, quien había realizado estudios de perfeccionamiento en La Plata. El concepto de plaza había variado y se veía en su modernización un símbolo de progreso y cultura, reflejo de la importancia que la ciudad iba adquiriendo. Se trazaron caminos, aparecieron canteros y bancos para los paseantes y se incorporó definitivamente al árbol como elemento insustituible del paisaje urbano.



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Valor arquitectónico y paisajístico

La Plaza pasó a ser lugar de encuentro y reunión de los vecinos, especialmente al caer la tarde. Poco a poco se completó su equipamiento: el mástil en el centro de las diagonales, un kiosco y en 1910, año del Centenario, se inaugura la estatua de Leandro N. Alem, emplazada en una de la medianas del cuadrado frente al viejo edificio municipal.

 

La misma representa al caudillo radical en su clásica postura antes de dirigir la palabra y es obra del escultor español Don Manuel Basterra. Además, un excelente trabajo de jardinería en los canteros completaban el aspecto formal de la plaza. En su perímetro sobresalen los edificios más representativos: la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, el Palacio Municipal, la Escuela Nº 1 y el Banco Nación. Completaban el entorno la Confitería del Progreso, luego Sede del Colegio Nacional de Zárate, el Hotel Plaza y algunas viviendas particulares. Pese a la diversidad de estilos, la Plaza alcanzaba una imagen clara y perceptible con gran uniformidad de escala y alturas. Pero la misma no perduraría: la sucesiva desaparición de casas y a partir de la década de 1960, la construcción de edificios en altura alteraron el orden establecido, destruyendo la escala donde los elementos dominantes eran los símbolos del poder civil y religioso. Tratándose Zárate de una ciudad ribereña, la plaza, en lugar de ocupar el centro de la composición como en el caso de la ciudades mediterráneas, se halla desplazada hacia la costa. Su composición actual muestra el clásico esquema de circulaciones peatonales según las diagonales y con accesos según las medianas del cuadrado, dejando en el centro un espacio para el mástil. La mediana perpendicular a La Av. Rivadavia remata visualmente en la fachada del Palacio Municipal que domina, preponderantemente, toda la composición. Las veredas circundantes se desarrollan bajo una doble hilera de plátanos y los espacios entre senderos están ocupados por árboles de gran porte, arbustos y macizos de césped con flores que le confieren un encanto particular. Su nombre más antiguo fue Anta. Fue luego Plaza Gral. Roca y hoy Plaza Mitre. Ha cambiado su nombre, pero siempre fue y será el punto de referencia y sitio histórico-simbólico de nuestra ciudad, desempeñando un papel fundamental en la vida dinámica de nuestra gente.






Texto extraído del libro "Era una vez... Zárate". Autores: Arquitectas Silvia Irene Baccino y María Luisa Sorolla.


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