Historia
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Palacio Municipal

En 1857 la Municipalidad de Zárate ocupó una vivienda particular perteneciente a la familia Anta Gonzalez, ubicada en la calle San Martín al docientos.



Cuando la Plaza Cívica estaba compuesta por cuatro manzanas (1880), en su parte central se encontraba un conjunto que incluía, según algunas fuentes, el Colegio de Varonas, la cárcel, la comisaría y el recinto municipal. El tercer edificio data aproximadamente de 1888. Sus líneas arquitectónicas eran muy simples: cuerpo central de dos niveles y dos alas simétricas, con ventanas a intervalos regulares y escasa ornamentación. Fue su constructor el maestro albañil Don Dionisio Ferrari.

Durante la gestión del intendente Don Pedro Guerci, en 1934, este tercer edificio fue demolido para dar cabida al actual, proyectado por el ingeniero municipal Manuel J. Reyna y construido bajo dirección del ingeniero Julio F. Dacharry y del arquitecto Ernesto Dacharry. Las obras fueron concluidas al cabo de seis meses, siendo inaugurado el 16 de julio de 1935 con la asistencia de altas autoridades nacionales y provinciales, hecho registrado por las más importantes publicaciones de la época. Su carpintería y mobiliario fueron provistos por la firma Gurruchaga y Cía, que también estuvo encargada de la carpintería del Correo Central de Buenos Aires.



Este edificio actual es un exponente tardío de la arquitectura ecléctica que caracterizó al denominado período liberal en nuestro país. Se trata, en este caso, de un claro ejemplo de la vertiente clasicista de origen francés que reconoce como tributaria principal a La Arquitectura Borbónica (la cual proporcionó la mayoría de los modelos tipológicos aplicados en residencias privadas y edificios públicos). Por ese entonces, Zárate crecía industrialmente y se ubicaba como centro político provincial merced al dominio ejercido por los Guerci, figuras del conservadorismo bonaerense. La ciudad veía pavimentar sus calles céntricas, aumentar su iluminación eléctrica y servicios sanitarios e inaugurar sus teléfonos automáticos. En este contexto se imponía contar con un símbolo de dicho progreso sin duda alcanzado por el Palacio Municipal, fiel representante de una arquitectura asociada a concepciones liberales que imponían nuevas pautas de prestigio por la década de 1930 en nuestra ciudad.



El edificio se ubica frente a la Plaza Mitre, acentuando su monumentalidad el retiro de la línea municipal. El ser exento en dos de sus lados genera un interesante espacio urbano, formalmente tratado con canteros y plazoletas y frecuentemente utilizado como prolongación de la plaza en la realización de actividades cívicas.




La obra fue resuelta en un volumen único compuesto de planta baja y un piso. Es una composición simétrica, con el eje perpendicular a la avenida Rivadavia. El ingreso principal presenta una escalinata desarrollada fuera del edificio y domina espacialmente el volumen de la escalera, que remata visualmente en un descanso con una doble alternativa de circulación. La escalera está revestida en mármol con baranda de hierro y pasamanos realizados en madera. Un vitraux ilumina por detrás la caja de escalera produciendo interesantes efectos lumínicos en el hall central. Hacia la derecha del palacio se ha dispuesto la sala de espera, secretaría privada y despacho del intendente. En el mismo sector, separadas por un pasillo, están las dependencias de Secretaría de Gobierno y locales de servicio. En el ala izquierda se ubica Tesorería. La primer planta la ocupan, hacia la derecha del hall distribuidor el Salón del Honorable Concejo Deliberante con sus dependencias anexas y servicios; y hacia la izquierda el amplio Salón de Actos.



La fachada presenta abundancia de elementos decorativos de jerarquía diversa pero empleados con equilibrio y solvencia. Una loggia central, dos balcones laterales que rematan en un gran frontis triangular y el coronamiento del edificio conformado por mansardas de pizarra, en los que se abren ventanas elípticas y contiene el reloj y campanario; son los principales instrumentos que la estructuran. Un importante zócalo sirve de base a la fachada. Un paño central y dos laterales aparecen generosamente resaltados sobre el plano de la misma. El almohadillado sirve como fondo de la composición. En la planta alta aparecen con fuerza el ritmo de pilastras entre ventanas, remarcadas por gruesos rebordes y coronadas por pequeños frontis a la manera de guardapolvos, y las columnas con capiteles corintios y fuste acanalado que soportan la cornisa.
En el Palacio Municipal la arquitectura ecléctica tiene su principal representante, no sólo en el entorno de la Plaza Mitre sino entre los edificios más significativos de la ciudad de Zárate.






Texto extraído del libro "Era una vez... Zárate". Autores: Arquitectas Silvia Irene Baccino y María Luisa Sorolla.


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