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Historia: Confitería El Progreso
A los que, desde hace varios años, recorremos nuestra ciudad buscando, en las construcciones y espacios que la conforman, elementos que nos liguen con el ayer, nos ha llamado la atención el cornisamiento del edificio ubicado en la cuadra de Belgrano al 700, frente a la Plaza Mitre, y nos ha motivado a conocer su historia.
En su ornamentación se destaca un año: 1909. Fue éste un año clave en la historia de la comunidad, ya que el 3 de julio el pueblo de Zárate fue oficialmente reconocido como ciudad. |
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Una profunda transformación y numerosos adelantos habrían de acompañar este cambio de rango, entre ellos el empedrado de las calles, el embellecimiento de la Plaza Mitre y el mejoramiento edilicio de su entorno, destacándose el del edificio que motiva esta reseña y que fuera la sede de la Confitería del Progreso.
Historia y descripción arquitectónica
En sus orígenes fue una tradicional casona desarrollada en torno a un patio central, con galería perimetral. Su fachada respondía a las pautas neoclásicas de basamento, desarrollo y remate, propias de la arquitectura impuesta en nuestro medio por la llegada de los primeros inmigrantes de origen italiano, hacia fines del siglo XIX. La Confitería del Progreso fue fundada por Don Antonio Di Lázzaro y luego administrada por sus hijo Enrique, y por Arturo Di Lázzaro, ambos italianos naturalizados arribados al país en 1890 el primero y en l908 el segundo. Fueron ellos los que dieron al establecimiento un notable impulso a partir de l909 y quienes resolvieron remodelar la fachada original en el sector correspondiente al salón. En su composición se destacan como elementos dominantes, la cornisa "liberty" y la marquesina que jerarquizaban el acceso y vidrieras de la Confitería. A partir de entonces, y durante más de dos décadas, fue el sitio obligado para el encuentro social, cultural y político de la comunidad zarateña. Además, la cuadra de la Plaza Mitre, entre Justa Lima y 19 de Marzo, era el recorrido de la "vuelta del perro" y las vidrieras de la Confitería se convertían en un excelente mirador. En su interior, se destacaban las paredes revestidas con vidrios biselados y su elegante decoración se completaba con mesas y sillas Thonet. Llegada la década de 193O, nuevos aires de progreso se difunden en la ciudad y se modifica no sólo su estructura física sino también los hábitos sociales. Entre los adelantos que se produjeron, principalmente en la zona céntrica, son de destacar la infraestructura de aguas corrientes y desagües cloacales y la pavimentación de las principales arterias, entre ellas Justa Lima de Atucha.
Esto último trajo aparejado un importante cambio en el paseo de los zarateños, dado que el mismo se trasladó a las "modernas" cuadras céntricas. El veredón de la Plaza quedó en el olvido y la Confitería del Progreso perdió, por consiguiente, su poder de convocatoria. Cerradas sus puertas, el edificio fue sede entre los años 194O y 1942 del Club Argentino. Se realizó en ese entonces una modificación de la fachada. Se colocaron dos amplios ventanales con rejas balcón, se realizaron nuevas molduras y se prolongó la cornisa "liberty" sobre la casa, jerarquizándose con un trozo de la marquesina original. El resto de la fachada continuó con su morfología de origen. Cuando, en mayo de 1943, comenzó a funcionar el Colegio Nacional de Zárate, creado por iniciativa del Dr. José María Guerci, esta propiedad fue alquilada para tal fin. Sus habitaciones y patio se vieron poblados por muchos jóvenes zarateños que, a lo largo de cuarenta años, se formaron en este establecimiento. Durante este tiempo se mantuvieron las características arquitectónicas de la edificación, salvo en un sector de la fachada. Sin embargo, se produjo un progresivo deterioro propio del paso de los años y el escaso mantenimiento. En 1985, con la inauguración de la sede propia del Colegio Nacional, la casa de la calle Belgrano volvió a quedar en silencio, con un destino incierto. Adquirido luego por el Estado, el edificio fue destinado para albergar la E.E.T. No 3. A tal fin, se realizaron trabajos de ampliación, de restauración de un sector de fachada y de reconstrucción estilística del resto de la misma siguiendo los lineamientos generales preexistentes. Una nueva historia ha comenzado a escribirse, entonces, en este edificio que a lo largo de casi un siglo, con transformaciones acordes a las funciones que albergó, permanece vigente en el entorno de la Plaza Mitre constituyendo un hito significativo para la memoria colectiva de los zarateños.
Texto extraído del libro "Era una vez... Zárate". Autores: Arquitectas Silvia Irene Baccino y María Luisa Sorolla.
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