Las rejas artísticas en ventanas y en los arcos de medio punto sobre los mismos y las esquinas sin ochavas eran también, características de estas construcciones. Las nuevas actividades radicadas en la zona generaron demanda de vivienda para las familias, básicamente inmigrantes, que se afincaron el el lugar. E1 Bajo se fue poblando de nuevas construcciones que respondían a los lineamientos de la arquitectura italianizante, configurando un espacio urbano que merece ser destacado no sólo por su calidad ambiental, sino también por reunir una serie de tipologías arquitectónicas propias de la primeras etapas de expansión del pueblo. Las fachadas de los principales ejemplos de arquitectuta doméstica se estructuraban en basamento, desarrollo y coronamiento, incluyendo elementos del repertorio neoclásico: pilastras lisas apenas insinuadas, aberturas rítmicamente ubicadas, guardapolvos rectos, almohadillado y guardas de molduras en el zócalo, dinteles y coronamiento alternando, en este último, las transparencias de los balaustres con tramos de parapetos ciegos.
Balneario y Av. Costanera.
Corría la década de 1 930 y se iniciaba para Zárate, una época de grandes progresos, que habrían de significar la segunda gran transformación experimentada por la Ciudad en su estructura original, recordándose que la primera se había producido a partir de 1880 con la llegada de los maestros albañiles italianos y españoles. Cuando en 1934 asume la Intendencia Municipal Don Pedro Guerci, inicia un programa de obras públicas y mejoras edilicias que habrían de otorgar a nuestra ciudad un rol destacado en el norte de la Provincia de Buenos Aires, según lo expresa el "Eco de Zárate" en su edición del 18 de noviembre de 1936. En ese año, parte de las obras programadas como la instalación de las aguas corrientes, la ornamentación de la Plaza, la construcción del Palacio Municipal en tan sólo seis meses, el edificio para la Delegación Municipal de Lima, eran, según refiere el citado periódico semanal, ".. .hermosas realidades que contribuyen al embellecimientos de la ciudad...".
Promesa demasiado linda que no se concretó.
Le faltaba sin embargo, a Zárate, contar con un lugar de recreación y paseo a orillas del Paraná de las Plamas, que permitiera a la creciente población disfrutar del magnífico paisaje natural, transformando su ribera en un agradable paseo.
El gobierno local resolvió, entonces, encarar una "obra de gran progreso ", según lo tituló el referido semanario, es decir el Balneario Municipal y Avenida Costanera. En tal sentido, las autoridades entrevistaron al Ministro de Obras Públicas de la Provincia, ingeniero José María Bustillo, comprometiendose el mismo a contribuir con fondos del gobierno provincial en casi la mitad del costo de la obra, que ascendía, en base al presupuesto efectuado, a un poco más de setecientos mil pesos moneda nacional ($ 700.000 m/n). Además el Intendente Municipal logró la adhesión de las grandes fábricas y del vecindario en general, quienes ofrecieron contribuir con materiales y elementos para la concreción de este proyecto.
El mismo, sumamente ambicioso, fue concebido para ser ejecutado en dos etapas: la primera de ellas, con una extensión del 731 metros desde el Muelle Nacional hasta el Frigorífico Smithfield y la segunda que pensaba iniciarse una vez concluida la anterior, comprendía el tramo desde el Muelle hasta el Arsenal de Marina, de modo tal que el Balneario y la Avenida Costanera abarcarían todo el frente de la ciudad.Las crónicas de la época refieren como principales características de la primera etapa del Balneario, la construcción de dos piletas de natación, una de 50 metros de largo por 15 metros de ancho para mayores y otra para niños menores de 11 años, con dimensiones de 30 metros por 10 metros.
Se pensaba alimentar a ambas con agua potable a 40 grados, cuyo suministro sería efectuado por el Frigorífico Smithfield, con una renovación diaria. Como complemento de estas instalaciones el proyecto suponía la construcción de casillas y correspondientes vestuarios, dos playas de ejercicios físicos para el público, pérgola, veredones asientos con jardines y buena iluminación en forma tal de generar un agradable paseo para disfrute de los zarateños de entonces. La piedra fundamental de la obra fue colocada el 27 de noviembre de 1936 con la asistencia del Ministro de obras Públicas de la Provincia, autoridades municipales y una nutrida concurrencia que los medios de la época estimaron en unas tres mil quinientas personas, siendo bendecida por presbítero Fermín Toral.
En enero de 1937, el Ministro firmó el Decreto llamando a licitación para la construcción de obra que ya contaba con una partida de 173.000 pesos votada por el Gobierno de la Provincia y otra | de 30.000 pesos incluidas en el presupuesto municipal.
En la tarde del lunes 3 de enero de 1938, la empresa del ingeniero Buzón procedió, en forma oficial a la colocación del primer pilote del Balneario. Las obras comenzaron, pero los avatares políticos y los cambios socioeconómicos frustraron, indudablemente la total ejecución del proyecto, privando a los zarateños de un parque costero urbano.
Hoy, en función de las necesidades recreativas de una población urbana en continuo aumento y frente a la escasez de espacios verdes equipados, se entiende necesario que las sucesivas autoridades encaren la recuperación del área costera, cuyas acciones iniciales ya están en marcha, como una acción planificada, con todas las etapas necesarias atendiendo a la realidad económica imperante pero con continuidad.
Sólo de este modo la comunidad podrá disfrutar el río y su paisaje, recuperando, al mismo tiempo este sector postergado que fue uno de los orígenes de nuestra ciudad.
"La esquina sin ochava del Puerto".
En 1873, el puerto de Zárate quedó habilitado para el comercio interior como Aduana de segundo orden en el litoral de la Provincia de Buenos Aires. Fueron construidas, entonces, importantes edificaciones de apoyo a la función portuaria, entre ellos, el Viceconsulado oriental y el Resguardo de Aduana, localizado en la esquina de las actuales calles Molo e Hipólito Yrigoyen. Es éste uno de los pocos ejemplos de arquitectura poscolonial o de transición existente en nuestra ciudad y el único en el "Bajo"; el mismo se fue conservando hasta nuestros días, si bien con importantes modificaciones para dar lugar a nuevas construcciones. E1 edificio del Resguardo de Aduana presentaba el típico esquema de local en esquina, sin ochava y con doble entrada, y una fachada rítmicamente modulada por simples pilastras. El cornisamiento muestra, aun, las rejas finamente trabajadas entre pilares. Hasta hace poco más de una década, un sector de esta centenaria construcción se encontraba en pleno funcionamiento como vivienda y local, aunque necesitado de obras de mantenimiento y restauración. Hoy, el deterioro y abandono total son sus características distintivas y su destrucción total sólo contribuirá a incrementar el deterioro progresivo y la pérdida de identidad de este sector tan características de nuestra ciudad.
La calle Mazzini.
En función de las actividades crecientes que comenzaron a nuclearse en la zona del "Bajo" desde fines del siglo XIX, las autoridades municipales resolvieron realizar el arreglo y ornamentación de la calle Mazzini, desde el muelle municipal hasta la calle 25 de Mayo. A tal fin designó una comisión vecinal, encomendándole la organización de las tareas tendientes a la concreción de las obras proyectadas. Esta Comisión estaba constituida por los Sres. Oscar Molo, Pascual Varando y Mariano Ustariz, todos ellos vinculados a importantes establecimientos industriales y comerciales de la zona:' la fábrica de papel, la fábrica de alcoholes y el depósito de cereales respectivamente. E1 diario "E1 Debate", en su edición del domingo 20 de enero de l901, informa que las obras comenzarían a partir del día siguiente y en su crónica refiere: "...Según los planos confeccionados, la calle Mazzini será transformada en una verdadera avenida A las veredas se les dará un ancho de cuatro metros a fin de que tengan no solamente comodidad para el tránsito sino también sitio para colocar plátanos a una distancia de ocho metros uno de otra La calzada quedará de diez y seis metros, ancho más que suficiente para hacer de la calle Mazzini una espléndida avenida. La Comisión, por su parte, tiene la mejor buena voluntad y desea terminar la obra a la brevedad posible. Los materiales que sean necesarios para el arreglo de dicha calle serán suministrados por la Intendencia...".
La construcción del muelle.
Hacia l908, por Ley No 5599, se autorizó al gobierno municipal a construir por su cuenta y por el término de cuarenta años un nuevo muelle, que reemplazaría a la pasarela o planchada existente. En ese año, también, se inauguró el sevicia de ferry-boat, completándose el trazado del Ferrocarril Central Buenos Aires (luego Urquiza) que se transformó en una barrera física que, en cierto modo, frenó la expansión edilicia del sector en esa dirección. En las primeras décadas del siglo, el puerto alcanzó un importante movimiento de exportación, especialmente en los renglones de carnes congeladas, cueros lanares y vacunos, sebos y demás productos de ganadería.
En la década de 1920, y en virtud del movimiento comercial alcanzado, las instalaciones del puerto dejaron de ser funcionales resolviendo, entonces, el gobierno nacional la construcción del nuevo puerto de cabotaje.En la revista "Cien ciudades Argentinas", del año 1927, encontramos el siguiente comentario:"... Recientemente, el Intendente Municipal se dirigió al Ministro de Obras Públicas de la Nación informándole que habían sido cedidos los terrenos municipales que afectaban la construcción del Puerto. La Dirección de Navegación que proyectó las obras, y bajo cuya dirección se llevarán a efectos los trabajos correspondientes, gestiona en estos momentos la autorización del Ministerio, necesaria para dar principio de inmediato a las obras, las que deberán ser terminadas dentro del plazo más breve posible, para bien de una gran zona de producción bonaerense. La obra fue presupuestada en 5 73. 034, 70 pesos moneda nacional y para su instalación el Congreso votóya una partida de 30.000 pesos...".El muelle fiscal que ha llegado hasta nuestros días reemplazó, entonces, al viejo de madera construido en l908. Complementaron la obra los dos grandes galpones, de fachada neocolonial, qu servían a las actividades portuarias y se disponían, en forma simétrica, a ambos lados del muelle construyéndose, de este modo, el remate visual de la "antigua bajada del puerto" (hoy calle Hipólito Yrigoyen). Uno de ellos fue demolido en 1981, sin contemplar sus múltiples posibilidades de uso que hubieran revalorizado el sector. El otro edificio es utilizado parcialmente en la actualidad habiéndose realizado algunas modificaciones exteriores que alteraron su fachada de origen.
Texto extraído del libro "Era una vez... Zárate". Autores: Arquitectas Silvia Irene Baccino y María Luisa Sorolla.
Volver |